Felipe II siguió vendiendo bienes de la Iglesia con una bula de Gregorio XIII de 1574. Ese año vendió Rianzuela al caballero veinticuatro Fernando de Solís, y entre 1578 y 1579 Albaida y el vado del Quema a Enrique de Guzmán, segundo conde de Olivares. Al arzobispado solo le quedaron Umbrete y el terreno de Lopas.