Hacia las diez de la mañana del día de Todos los Santos de 1755 la tierra tembló frente al cabo de San Vicente. En el Aljarafe murieron seis personas, pero las torres lo pagaron caro: campanarios, torres de reloj y torres de hacienda, altas y de base estrecha, cayeron o quedaron dañadas. Las crónicas citan expresamente las parroquias de Albaida y de Castilleja del Campo. La reconstrucción posterior llenó la comarca de torres nuevas de ladrillo.