Los turdetanos la llamaron Kaelia y con los romanos, como Laelia, llegó a acuñar moneda propia.
Sus monedas llevaban símbolos agrícolas, espigas de trigo y palmas, reflejo de lo que aquí se producía: aceite de oliva y vino. Es el cuarto pueblo de la comarca con moneda propia, junto a Coria, San Juan y Aznalcázar.