Hasta 1873 los entierros se hacían en un cementerio pegado a la iglesia, dentro del pueblo, que incumplía las normas sanitarias de la época. El 20 de diciembre de 1873, en sesión extraordinaria presidida por el alcalde Manuel Luque Díaz, el ayuntamiento aprobó levantar uno nuevo. El expediente municipal lo presupuesta en 1.419 pesetas, que pagó por completo el vecindario porque el ayuntamiento tenía poco dinero.
La obra se concibió como un cuadrado de 20 metros de lado, unos 400 metros cuadrados, con la entrada mirando al sur. Una comisión de vecinos (José Luque Muñoz, Francisco Luque Cruz, Cristóbal Moreno y José María Casado), con Severo Arenas Jiménez de depositario, recogió el dinero; un médico y un abogado la asesoraron. Se fijó la inauguración para el día de Navidad, el 25 de diciembre de 1873, con discurso del secretario Mariano López Suárez, en presencia del párroco, Ramón de Paz Gómez, y del marqués de Castilleja del Campo.
El recinto es hoy el Cementerio de San Antonio. En 2016 se abrió un anexo en otros 400 metros cuadrados y en mayo de 2026 se instalaron 60 nichos más por 32.046,85 euros.