En cuarenta y ocho años se capturaron casi tres mil hembras y mil machos, lo que agotó a todos los adultos en edad de criar. A eso se sumaron las presas que les cerraban el paso río arriba, la de Alcalá del Río de 1931 y la de Cantillana de 1956, y la degradación del cauce. Classen ya había avisado desde principios de los cincuenta de que sin un plan de repoblación aquello duraría poco. De toda aquella pesquería queda hoy la del albur, que los pescadores siguen limpiando en la orilla al volver de faenar.