Le dedicó la cantiga 323 y la puso bajo la advocación que sigue siendo la de la patrona. Se levantó en gótico mudéjar sobre el solar de la mezquita derribada, aprovechando su alminar como torre, y por eso no mira al este como sería natural, sino al este-noreste, quizá por seguir la línea de la orilla. Su sitio, casi encima del agua, dice mucho del urbanismo de entonces: la iglesia emergía exenta entre casas bajas y era lo primero que se veía llegando en barco.