Los franciscanos habían ido adosando a la primitiva capilla las dependencias del convento en torno a un claustro mudéjar. En la primera mitad del siglo XVIII se levantó un templo nuevo con trazas y supervisión del arquitecto Diego Antonio Díaz, maestro mayor de la catedral de Sevilla. Retablos, esculturas, pinturas y platería forman un conjunto tardobarroco de tema franciscano que se conserva sin alterar. La portada del compás lleva la fecha de 1772.