Durante el reinado de Enrique II de Trastámara, Gelves pasa a manos del marino y militar.
Después la villa acabaría entregada al cardenal Mendoza, que dio poderes de tutela a su secretario, Francisco de Madrid, y su administración pasó a Diego de Merlo, Asistente de Sevilla. Es el comienzo de una cadena de dueños que dura siglos.