La capilla había empezado a construirse a comienzos del siglo XVII, pero todo cambió con Gaspar de Guzmán y Pimentel, tercer conde de Olivares y valido de Felipe IV. La bula le dio sello y escudo de armas propios y unos estatutos minuciosos redactados por el propio conde-duque. Como era además alcaide de los Reales Alcázares de Sevilla, pudo echar mano de sus artistas: encargó al arquitecto milanés Vermondo Resta un templo más monumental. En la plaza convergen cuatro calles y un pasaje abovedado llamado el Camarín, que une la cabecera del templo con el Pósito.