Lo impulsó el cardenal Segura, llegado a Sevilla en 1937, que ya había levantado monumentos parecidos en Cáceres y Toledo. Eligió este cerro por la panorámica, que el escritor Palacio Valdés había descrito en La hermana San Sulpicio como la más hermosa del mundo. Los restos del cardenal reposan bajo el monumento principal. La barriada que lo rodea empezó a construirse en 1940 y fue militar, del Ejército del Aire.