El castillo pasó primero a los cartujos, que lo permutaron a los franciscanos. El convento desapareció con las desamortizaciones del siglo XIX, pero su iglesia llegó hasta hoy convertida en la parroquia de los Sagrados Corazones, de planta de cruz latina y con escudos nobiliarios en las pechinas. Al lado estaba el cementerio viejo, hoy los jardines de la casa de ejercicios Betania.