El monasterio de San Isidoro del Campo, fundado por Guzmán el Bueno tras la concesión de Fernando IV de 1298, guarda un gran retablo de Juan Martínez Montañés hecho con ayuda de sus discípulos Juan de Mesa y Andrés de Ocampo, con una Virgen con el Niño, Santa Ana, San Joaquín, San Jerónimo y San Isidoro. Hay además pinturas murales en el claustro de los Evangelistas, un Cristo de Pedro Roldán, vidrieras, reliquias de San Eutiquio, el brocal donde según la tradición oró San Isidoro y las cenizas de Urraca Osorio y Leonor Dávalos.