La forma antigua del nombre es Ombret, quizá de un latino Umbretum, con el sufijo -etum típico de las fundaciones altomedievales; algunos autores lo relacionan con la Osca turdetana de Ptolomeo. Cuando Alfonso X cedió el lugar al arzobispado de Sevilla lo llamó La Mesa del Arzobispo, nombre que no prosperó. A los umbreteños se les llama «mochuelos» o «mocholeros» por una leyenda: durante una misa entró un mochuelo por la ventana, los fieles lo tomaron por el Espíritu Santo y lo siguieron hasta la dehesa de la Lopa gritando «¡Apósate, Glorioso!», hasta que se posó en una encina y desapareció. Desde entonces el pueblo siente suya esa dehesa, un enclave del término fuera del casco. Hubo también tres pequeñas aldeas, hoy despobladas: Lopaz, Aguazul y Aguazulejo.