El palacio arzobispal, construido para el descanso de los arzobispos, siguió usándose en el siglo XIX pese a los choques por la desamortización (en 1844 el ayuntamiento llegó a incautarlo). En 1882 el cardenal Joaquín Lluch y Garriga falleció en él mientras descansaba. En el siglo XX se transformó en el colegio Marcelo Spínola y en 1994 se reformó a fondo.