El carbono catorce sitúa su construcción entre el 2755 y el 2465 antes de Cristo. Es un tholos sin grandes lajas de pizarra, con la cámara cubierta por una falsa cúpula de piedra, una innovación técnica notable para la época. Y tiene una rareza que trae de cabeza a los arqueólogos: en vez de mirar a la salida del sol, como casi todos, mira al suroeste, al ocaso. Está considerado uno de los monumentos funerarios más espectaculares del sur de Europa.