Tras la conquista Fernando III dio a Salteras el título de villa y la entregó como realengo a un miembro de su corte. Más tarde la adquirió el caballero Juan de Federegui, que atrajo población, y en el censo de 1594 contaba con 355 vecinos pecheros. En 1641 la compró el conde-duque de Olivares, pero al no completar el pago acabó en manos de Luis Méndez de Haro, que a su vez la vendió a la casa de Alba.